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Conocé los rostros, las personas, la realidad detrás de 13 comunidades

que quieren proteger el Golfo de Nicoya.

 

 

Wilson Pérez

  • Pescador de Puerto Thiel
  • 65 años
  • “La gente pensaba en hoy, no pensaban en mañana”

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Zeneida Trejos

  • Pescadora de Puerto San Pablo
  •  52 años
  • “Sepamos tomar lo que realmente es necesario y dejar ahí lo que se puede reproducir en el futuro.”

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Emilio Peralta

  • Pescador de Puerto Jesús
  •  50 años
  • “Mi papá me enseñó a pescar desde niñez, desde güila en la escuela a los seis, ocho años.”

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María Lidieth Ortega

  • Vice-presidenta de la Asociación de Pescadores de Puerto Pochote
  •  43 años
  • “Yo tengo que cuidar lo del futuro de los que vienen.”

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Consuelo Orias

  • Presidenta de la Asociación Administrativa de Acueductos Rurales de Copal
  •  63 años
  • “Cuando uno hace las cosas con amor y por amor, todo va a salir bien. Eso es lo que yo trato de hacer en la Asada y por eso estamos bien.”

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Sara Briceño

  • Nativa de Quebrada Honda
  •  94 años
  • “El mar en ese entonces era lindo. Yo andaba con mi viejo ahí pero ahora que va… ya no tiene movimiento el Golfo como antes.”

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Donaldo Moraga

  • Profesor de Quebrada Honda
  •  63 años
  • “Cuando vengo al mar se me olvida todo. Mi mente está puesta en otra cosa, una energía para seguir la lucha del quehacer diario.”

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Denis García

  • Oficial de la Fuerza Pública en Nicoya
  • “Capacitamos a los vecinos no para que hagan nuestro trabajo, todo lo contrario. Sino para que sean nuestros oídos, nuestros ojos y nos bajen toda esa información a nosotros. Los vecinos sí lo saben todo.”

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Alexander León

  • Director Regional del Área de Conservación Arenal Tempisque
  • “Como institución no podemos hacer nada sin la participación de las comunidades.”

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Jacinto Carrillo

  • Guía turístico de Sonzapote
  •  54 años
  • “Yo tengo que cuidar lo del futuro de los que vienen.”

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Rosa Carrillo

  • Líder Comunal de Sonzapote
  • “El Golfo ha sido la vida de todo este sector. Ha sido el sostén. Ahorita ya no es el sostén. Antes todos vivíamos de ahí.”

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Carlos Viades

  • Profesor de Puerto Moreno
  • 59 años
  • “La educación [es] una forma de dejar la ignorancia a un lado, una forma de superarse y de ganarse la vida de forma honrada.”

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Keysel Reyes - Joseph Carvajal

  • Keysel Reyes
    • Estudiante de Puerto Moreno
    • 12 años
    • “Me gusta vivir aquí, es muy tranquilo. No hay robos, no hay peligro, uno puede andar en las calles sin preocupación.”
  • Joseph Carvajal
    • Estudiante de Puerto Moreno
    • 11 años
    • “Hay veces que esos camiones botan todo en el rio y eso es muy malo… que no mataran tanto a los animales.”

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Rafael Umaña

  • Pescador de Puerto Níspero
  • “Ya se tuvo que buscar otras alternativas, combinar la pesca con ciertas oportunidades que aparecen en tierra.”

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Yineth López

  • Líder comunal de Santa Lucía
  •  32 años
  • “Estamos teniendo agua cada cuatro días. Recogemos agua para solventar las necesidades hasta que vuelva.”

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Yamileth González

  • Piangüera de San Buenaventura
  •  46 años
  • “Aquí no hay trabajo, no hay ni para los hombres y para las mujeres menos. Solo hay trabajo en la fabrica de Cemex del Pacífico. Pero ahí para mujeres no hay trabajo.”

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Jakeline Álvarez

  • Piangüera de Colorado
  •  41 años
  • “El día a día es mas duro. Antes habían más salidas en que la gente trabajaba.” 

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Rafaela Gutiérrez

  • Presidenta del Grupo de Adultos Mayores Aires del Golfo
  •  73 años
  • “Es muy importante unirse para trabajar. Para lograr proyectos necesitamos unión.”

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EL GOLFO DE NICOYA: UNA MINA DE ORO ARRASADA POR LA PESCA ILEGAL

Puerto Thiel fue parte de una “mina de oro” en nuestro Pacífico: el Golfo de Nicoya hace 50 años. Así lo describe don Wilson Pérez, uno de los muchos veteranos en la pesca artesanal, refiriéndose a la riqueza marina de antaño. Ahora solo unas cuantas pangas se logran ver en las orillas del manglar.

  Hace 50 años el Golfo de Nicoya fue considerado una mina de oro, hoy, como resultado de su sobreexplotación, solo quedan los pescadores nativos de la zona tratando de sobrevivir con lo poco que ha quedado.

Hace 50 años el Golfo de Nicoya fue considerado una mina de oro, hoy, como resultado de su sobreexplotación, solo quedan los pescadores nativos de la zona tratando de sobrevivir con lo poco que ha quedado.

Muchos trabajadores del mar han tenido que acudir a las rastras , porque – como lo explica don Wilson – “ya no hay nada”. Y es el resultado de la sobreexplotación en la pesca ilegal. 

Como muchos en estas comunidades, Wilson Pérez ha sido pescador por más de la mitad de su vida. Trabajó 7 años en San José en la Fuerza Pública. Pero por razones familiares regresó a las tierras que lo vieron nacer. Hoy todavía alimenta a su familia por medio de la pesca artesanal. 

Aprendió el oficio a temprana edad como la mayoría de los pescadores. Es una tradición esencial en la cultura de quienes trabajan la Zona 201 del Golfo de Nicoya. 

Mientras este pescador relata su aprendizaje, detrás de él un grupo de niños pescan con cuerda y un camarón como carnada, algo que Wilson también practicó cuando joven. Ahora él se preocupa por esas generaciones jóvenes que no tienen mucho futuro en el Golfo. 

“El mundo sigue. Siguen naciendo niños pero trabajo no hay...el Golfo va desempleando.”

Pero el Golfo no es el responsable. La pesca ilegal y la sobreexplotación son grandes causantes del deterioro de la zona y las poblaciones de peces. 

En la década de 1990 muchos venían del Valle Central, para empezar sus vidas como pescadores por el ingreso tan provechoso. 

“En ese entonces se podía pasar desde el final del manglar hasta la orilla del puerto de panga en panga”, recuerda don Wilson. 

El impacto de la pesca ilegal, aceptar la derrota

Después del 2000, el trasmallo se introdujo como un cambio histórico en la pesca del Golfo de Nicoya. 

“La gente pensaba en hoy, no pensaban en mañana.”

Dentro de algunas pangas en Puerto Thiel, se ven las rastras que tanto daño causan. Es una lucha dolorosa de los pescadores que, por falta de conocimiento, los consumidores también fomentan. 

Junto con otros don Wilson Pérez intenta evitar el uso de las artes ilegales. Pero son quienes incumplen la ley los que logran sustentar a sus familias. Usar la malla ilegal fue aceptar la derrota ante “el enemigo, sin que parezca haya otra alternativa. “No es el esfuerzo, sino llegar sin nada”, describe el expolicía como lo más complejo. 

“El hombre en la tierra empezó a talar y ahora no hay bosques, no hay animales, no hay venados, se terminaron los tigres y leones, ya de fauna, no hay nada.” Sufre también el país al no poder sustentar a consumidores de la Meseta Central. 

Don Wilson urge al consumidor a que se eduque acerca del producto que compran y denunciar los actos ilícitos. La pesca ilegal no es un acto aislado, sino una cadena de violencia que afecta a todos. También pide a las comunidades del Golfo tomar consciencia. 

“Estamos destruyendo algo que Dios nos dio y que no nos va a volver dar. Cuidémoslo porque las compañías se pueden ir, pero nosotros ¿para dónde nos vamos a ir?”

A pesar del dilema, agradece al Golfo. “Gracias por ser tan generoso, gracias por darle de comer a tantas familias, a pesar de las groserías y atrocidades que le han hecho, todavía nos pone comidita en las pancitas, y desearía que vuelva a ser como antes.” Eso es tarea de todos. 

  La sobreexplotación del Golfo de Nicoya por las redes de rastra, las mallas ilegales y el irrespeto a las vedas, hoy las futuras generaciones corren riesgo de quedar sin producto para su sobrevivencia.

La sobreexplotación del Golfo de Nicoya por las redes de rastra, las mallas ilegales y el irrespeto a las vedas, hoy las futuras generaciones corren riesgo de quedar sin producto para su sobrevivencia.

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LAS GENERACIONES SE DESVANECEN EN EL GOLFO DE NICOYA

Puerto San Pablo siempre ha sido el hogar de Zeneida Trejos, pescadora de 52 años. Desde que recuerda está acompañada por los manglares en la orilla del pueblo. Aquí también trabajaron sus padres, quienes de niña la llevaron a pescar.

Doña  Zeneida repitió la tradición con sus hijos. Pero la actividad pesquera de hoy es muy diferente…

“Antes la pesca era muy provechosa, muy abundante. Ahora la pesca es algo que no le satisface a uno en ninguna medida.”

 Pangas en Puerto San Pablo. La hora de salida del pescador depende de la altura de la marea. Para utilizar las pangas deben estar en marea alta.

Pangas en Puerto San Pablo. La hora de salida del pescador depende de la altura de la marea. Para utilizar las pangas deben estar en marea alta.

Como lo explica la pescadora, la población de Puerto San Pablo creció más allá de los recursos marinos disponibles. En esa época, muchos escucharon lo lucrativo que era la pesca y buscaron cómo aprovechar la ganancia.

“Se sobrepobló de pescadores. Muchísima gente que no era de pesca, que su descendencia era de ganadería, cuando escucharon la emoción de la abundancia de la pesca. Entonces vendían unas reses para comprar una panga y la ponían a trabajar”, comentó la nativa de la zona.

Desafortunadamente el cambio tuvo consecuencias graves para las comunidades. La sobreexplotación agotó el Golfo de Nicoya y aquellos que rápidamente llegaron, se fueron de igual manera. Quienes quedaron fueron los originarios, los que realmente dependían de la pesca para sobrevivir. 

Además – en aquellas épocas de bonanza – se introdujo la pesca con rastras, práctica que dejó aún menos para los pescadores que estuvieron desde un inicio y trabajaron de manera sostenible.

Hoy la pesca no da suficientes ingresos, para aquellos que tienen deudas por su equipo de trabajo. La limitación es aún más compleja en momentos de vedas, cuando los subsidios no alcanzan para las necesidades de las familias. 

 Doña Zeneida Trejos cuida la casa de su hija, mientras daba luz a una niña, parte de la nueva generación.

Doña Zeneida Trejos cuida la casa de su hija, mientras daba luz a una niña, parte de la nueva generación.

“Hay mucha gente durante la veda que se queda sin luz. Antes se daba el trabajo de jornaleros, pero ahora ni eso…”

Doña Zeneida reconoce que el Golfo tampoco fue ni es cuidado de la mejor manera. “El ser humano se ha abusado del uso de esa riqueza”, resume. Aún así, sabe que todavía hay tiempo de recuperar y cuidar el mar que les da sustento, no solo a los habitantes de la zona, pero a miles en Costa Rica quienes consumen el producto.

Para la pescadora no se trata solo del ingreso, sino de su hogar, su espacio de tranquilidad, como lo es para muchos otros compañeros de oficio. “Cuando uno entra en el mar cambia. Uno inmediatamente se relaja y experimenta muchas cosas bonitas en el mar. Ver las aves, ver los atardeceres, es muy lindo”, relata como experiencia en el agua.

Para mantener las bellezas escénicas y permitir la subsistencia de las familias del Golfo de Nicoya, es necesario interiorizar lo que plantea doña Zeneida.

“Sepamos tomar lo que realmente es necesario y dejar ahí lo que se puede reproducir en el futuro.”

No solo las especies del mar se reproducirán si se cuidan los recursos, sino que generaciones de pesqueros – como la familia de doña Zeneida – podrán seguir existiendo.  

 Nieto de doña Zeneida, Aren Josué, de 4 años, juega en la espera de conocer a su nueva hermana.

Nieto de doña Zeneida, Aren Josué, de 4 años, juega en la espera de conocer a su nueva hermana.

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DE LAS CANCHAS DEL FÚTBOL A PESCAR EN EL MAR: LAS REDES CAMBIAN

Cubierto de conchas blancas, los restos de tantas pianguas recolectadas en años pasados sirven como un recordatorio en Puerto Jesús, de lo que solía ser el Golfo de Nicoya hace 30 años.

Junto a su familia, don Emilio Peralta llegó a esta comunidad, cuando apenas tenía dos años de edad. En ese entonces la zona estaba llena de movimiento. Hoy sus aguas se acercan a estar desiertas. 

 Don Emilio y su madre, pocos de los veteranos de la pesca que quedaron en Puerto Jesús.

Don Emilio y su madre, pocos de los veteranos de la pesca que quedaron en Puerto Jesús.

En Puerto Jesús, pocos conocen a don Emilio por su nombre, sino por su apodo: Mondell. Se lo puso su abuelo, aficionado del equipo de futbol de Limón, en honor al jugador Linford Mondell y al talento del nieto en las canchas de futbol.

Conforme creció, dejó la bola por las mallas en el mar. Su padre le delegó una tradición: la labor que hoy es su forma de ingreso. 

“Mi papá me enseñó a pescar desde niñez, desde güila en la escuela a los seis, ocho años.”

De niño, Mondell recolectaba de 600 a 1.000 pianguas en pocas horas, algo imposible actualmente. Para don Emilio hoy no vale la pena la inversión de horas de trabajo arduo, para el poco producto que se obtiene.

“No me gusta sacar, es muy duro, muy duro…Se raya uno, que las purrujas, que los zancudosahora solo se sacan de 200 a 600”, explica el veterano pescador.

La pesca es un trabajo complejo, con una recompensa insuficiente para subsistir. Por eso muchos optaron por la pesca ilegal. Hoy, con 50 años, el pescador recuerda que antes no había tanto trasmallo. Solo había pesca con cuerda por la abundancia del recurso. Don Emilio considera que la malla es tan nociva como las drogas dentro de su comunidad. 

“Al igual que decomisan drogas que lo hagan con la malla.”

 La pesca ilegal ha llegado a fomentar la piratería y puede estar vinculada al tráfico de drogas y trata de personas. Por esto, muchos de la zona piden refuerzo en el mar para poder combatirlo. 

La pesca ilegal ha llegado a fomentar la piratería y puede estar vinculada al tráfico de drogas y trata de personas. Por esto, muchos de la zona piden refuerzo en el mar para poder combatirlo. 

Vedas insuficientes e irrespetadas

Además de las consecuencias del trasmallo y las rastras, Mondell recalca la importancia de la veda y sus efectos. En los tiempo de prohibición, de julio a septiembre, los pescadores detienen su labor para permitir que las especies se reproduzcan y poder mantener el balance del ecosistema.

Durante este tiempo los pescadores subsidiados por el gobierno toman parte de proyectos comunales, como obras en escuelas. Pero la veda no siempre se respeta.

El Golfo de Nicoya es sobreexplotado y llegó a un punto crítico, del cual todavía se puede rescatar. Pero se deben tomar conciencia y decisiones drásticas. 

Como conocedor de la problemática, don Emilio sugiere que las vedas sean extendidas hasta seis meses para permitir la recuperación de las especies de manera urgente. Para que esto sea posible, el subsidio que se les brinda a los pescadores tiene que ser apto para mantener a sus familias. 

“Yo recibo ayuda pero hay personas que no pueden recibir ayuda por varias razones; hay muchos que no tienen otra opción.”

Si las vedas fueran respetadas y los pescadores tuviesen alternativas factibles para mantener a sus familias, la compra de mallas ilegales se disminuiría drásticamente. 

Es un paso que don Emilio propone para recuperar ese oasis, en el cual tantos pescaron desde güilas

 Don Emilio es presidente de la Asociación de Pescadores de Puerto Jesús. Junto 25 otros pescadores, buscan fomentar la pesca artesanal con deseos de rescatar el recurso que hoy les permite seguir trabajando.

Don Emilio es presidente de la Asociación de Pescadores de Puerto Jesús. Junto 25 otros pescadores, buscan fomentar la pesca artesanal con deseos de rescatar el recurso que hoy les permite seguir trabajando.

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EL GOLFO NECESITA SER ESCUCHADO PARA SU SOBREVIVENCIA

La desesperación de doña María Lidieth Ortega es la de muchos que viven en el Golfo de Nicoya: “ya se está saliendo de las manos”.

La pesca ilegal y las redes de rastra son devastadores para la Zona 201, rica en diversidad y desarrollo de especies juveniles.

Ya no es como antes. La pescadora de 43 años añora los tiempos donde se podían pescar camarones casi del tamaño de un plato, algo que hoy es virtualmente imposible. 

“Veinte años para atrás, mi esposo llegaba con 20 kilos de camarón. Le traía los mejores para las hijas y en un plato cabía solo un camarón.”

 Doña María Lidieth Ortega, vice-presidenta de la Asociación de Pescadores de Puerto Pochote, añora los años en que su familia vivía plenamente de la pesca, algo imposible hoy para muchos en el Golfo de Nicoya.

Doña María Lidieth Ortega, vice-presidenta de la Asociación de Pescadores de Puerto Pochote, añora los años en que su familia vivía plenamente de la pesca, algo imposible hoy para muchos en el Golfo de Nicoya.

Pero ella es consciente que el agotamiento no ocurrió por si solo, sino que es consecuencia de la sobreexplotación del Golfo de Nicoya. El mar no tiene suficientes recursos para los que viven de la pesca.

“El producto ha bajado montones. El camarón ya no es como antes”, resume la pescadora de Puerto Pochote. Muchos acudieron a mallas ilegales o a la práctica de rastra, lo que afecta aún más los recursos en el Golfo. 

Como Vicepresidenta de la Asociación de Pescadores de Puerto Pochote, doña María reconoce lo difícil que es vivir de la pesca en este momento. También sabe que si no se cuida el Golfo, en poco tiempo no va a existir producto para nadie.

Para ella es necesario que las leyes y la participación de las autoridades sean reforzadas, con una mayor presencia de la Fuerza Pública y el Servicio Nacional de Guardacostas. “A como hay tránsito, que haya en el mar”, pide.

Las vedas son de gran preocupación para la líder comunal, ya no son respetadas y se pone en peligro el producto para las futuras generaciones. Aún así sabe que no es tan fácil para muchos. Como explica, el subsidio que se da a los pescadores no es suficiente para sustentar a una familia.

Por eso no ven otra opción más que quebrantar la Ley. Otros, como el esposo de doña María Lidieth, buscan alternativas en el turismo.

“La vida del pescador es dura, para los que no tienen segunda opción. Mi esposo tuvo que dejar la pesca, para tener un mejor futuro para sus hijas.”

 La pesca ilegal es una de las mayores causas por el agotamiento de especies marinas, dañando a ecosistemas marinos y costeros.

La pesca ilegal es una de las mayores causas por el agotamiento de especies marinas, dañando a ecosistemas marinos y costeros.

Para tener un cambio se necesitan tomar medidas drásticas. Las vedas de tres meses deben ser vigiladas estrictamente y hasta extenderlas a seis meses, pide una de las líderes de la Asociación de Pescadores.

Asimismo los subsidios deben ser suficientes para sustentar a una familia o tener opciones de empleo en otras áreas.

“Que no vivieran solo de la pesca. Este Golfo se presta para el turismo.”

El Río Tempisque también sufre

Como habitante del Golfo de Nicoya, doña María Lidieth sabe que además de la pesca ilegal y el uso de mallas prohibidas, la contaminación en el río Tempisque es demoledora para las especies que lo habitan.

Según la pescadora los químicos usados en ciertas tierras de agricultura llegan al cauce y afectan la reproducción de peces y pianguas. 

El Golfo necesita ser escuchado, como lo expresa la vecina de Puerto Pochote, cuando reconoce su responsabilidad para cuidar la sobrevivencia de dos nietos y las futuras generaciones. 

“Yo tengo que cuidar lo del futuro de los que vienen.”

Una responsabilidad que no debería ser solo de doña María Lidieth, sino de todos los actores de La Red del Golfo y del país entero.

 Doña María lucha por el futuro de sus nietos y el Golfo de Nicoya, que hoy peligra de extinción. 

Doña María lucha por el futuro de sus nietos y el Golfo de Nicoya, que hoy peligra de extinción. 

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UNA LÍDER DETERMINADA A TRABAJAR POR SU PUEBLO

Abrir el grifo y que salga agua límpida de la presión es el orgullo de doña Consuelo Orias, presidenta de la Asociación Administrativa de Acueductos Rurales de Copal (Asada). A sus 63 años fue reelegida por ocho años consecutivos y es síndica de la Municipalidad de Nicoya desde el 2011. 

Pero los nombramientos no son las únicas razones que convierten a doña Consuelo en líder dentro de su comunidad. La forma y el cariño con que brinda el servicio la diferencian.

“Cuando uno hace las cosas con amor y por amor, todo va a salir bien. Eso es lo que yo trato de hacer en la Asada y por eso estamos bien.”

  Doña Consuelo Orias, presidenta de Asada de Copal y su nieto, Luis Dairon Fernandez. 

Doña Consuelo Orias, presidenta de Asada de Copal y su nieto, Luis Dairon Fernandez. 

Todos conocen el trabajo y la dedicación de doña Consuelo. Como originaria de Copal, ha vivido los cambios del pueblo. En su juventud, la solidaridad dentro de su comunidad era indispensable. Con su nieto Luis Dairon Fernández a su lado, recuerda la sensación de unidad al compartir los bienes. 

“Yo me acuerdo cuando era niña, mi papá  engordaba cerdos y nunca se vendía nada. Mataba y repartía a todos lo vecinos. Todos comíamos carne todos los días, porque habían trueques entre todos los vecinos”, relata.

Desafortunadamente la tradición dejó de ser lo común. Pero ella rescata los valores. En su patio se preparan platos de comida, en una olla inmensa sobre fuego al aire libre. Alrededor varios jóvenes forman parte del proceso, pues la comida es para recaudar fondos para una actividad escolar. 

Las cocineras voluntarias la describen como una líder. Doña Consuelo reconoce que Copal, junto con todo el Golfo de Nicoya, atraviesan momentos difíciles, pero ella mantiene la lucha.

Se preocupa por distintos flagelos: el narcotráfico, la violencia doméstica, el alcoholismo, el desempleo… Pero concentra sus esfuerzos.

  Grupo comunal preparan comida para vender y recaudar fondos para actividades escolares.

Grupo comunal preparan comida para vender y recaudar fondos para actividades escolares.

Agua de vida

Desde su “charco”, en el manejo del acueducto y administración del agua en la comunidad, alerta del impacto de los cultivos de camarón en los pozos del líquido. Por la cercanía, las fuentes peligran de ser saladas y que no sean potables para toda una comunidad. 

“La naturaleza es sabia. [La] ambición es tanta [que] lo han hecho en tierra dulce, esa tierra no está preparada para el agua de sal.”

Copal sufre el desempleo, el narcotráfico, la violencia doméstica y las consecuencias que traen granjas camaroneras con poca supervisión. Son inquietudes que perturban la mente de doña Consuelo Orias.

La Red del Golfo busca trabajar soluciones de forma integral y aumentar los esfuerzos para recuperar la solidaridad entre comunidades que tanto se extraña. Esa que se perdió entre divisiones, urgencias y dificultades en el transporte.

“Nosotros [somos] los pequeñitos ante el enemigo grande.” Así describe la activa vecina el esfuerzo y el trabajo contra los castigos en la zona.

Pero líderes como ella, que forman parte de La Red del Golfo no son pequeños, ni lo es el mensaje que llevan.

“Cambiaría ahorita lo que lo está dañando. Pero primero [le pediría] perdón porque aunque no lo haya hecho, he permitido, tal vez con mi indiferencia, que otros lo dañen.”

Para tener un cambio se necesitan tomar medidas drásticas. Las vedas de tres meses deben ser vigiladas estrictamente y hasta extenderlas a seis meses, pide una de las líderes de la Asociación de Pescadores.

Asimismo los subsidios deben ser suficientes para sustentar a una familia o tener opciones de empleo en otras áreas.

“Que no vivieran solo de la pesca. Este Golfo se presta para el turismo.”

Doña Consuelo no es la única que ha cometido el error, pero es parte de ese grupo de habitantes, líderes, trabajadores del Golfo que lo tratan de enmendar.

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EL GOLFO DE NICOYA SE QUEDÓ SIN MOVIMIENTO

Muchos se preguntan cuál es la receta de longevidad de los habitantes de Nicoya, una de las 5 regiones en el mundo consideradas como Zonas Azules, lugares donde las personas llegan a una mayor edad.

Se le preguntó a doña Sara Briceño, de 94 años, quien con su personalidad vivaz y energética, respondió con su historia de vida. En ella no solo conviven las memorias del campo guanacasteco, sino también las del Golfo de Nicoya y cómo se ha ido apagando...

“¡Viejo, me voy para Limón!”

Así le gritó a su esposo, cuando salió de su casa lista para una nueva aventura. No hubo obstáculo que le impidiera a doña Sara hacer lo que deseaba y expresar sus pensamientos. Al contrario, tuvo un esposo fuera de su época. Con ojos brillantes y amor en cada palabra, Sara recuerda a Raúl Villegas, un hombre sin temor a escuchar y respetar a su pareja en una época machista.

 En 1986 el Instituto Nacional de la Mujer (INAMU) le otorgó el título de “Mujer del Año”, por su trabajo en la defensa de los derechos del género femenino.

En 1986 el Instituto Nacional de la Mujer (INAMU) le otorgó el título de “Mujer del Año”, por su trabajo en la defensa de los derechos del género femenino.

“A Costa Rica la conozco de frontera a frontera, y lo hice ¡sola!”

Doña Sara llegó a conocer al país como pocos, pero también con sus años de experiencia logra ver los cambios que han sufrido el Golfo y sus comunidades.

Una vida de trabajo, pesca…y ahora ausencia

En su hogar en Quebrada Honda de Nicoya, junto a su viejo y a sus 11 hijos, sus días empezaban a las 3:30 a.m. Moler maíz, palmear tortillas y más, parte de sus quehaceres diarios. La población en Nicoya era tan pequeña, que Rafael se embarcaba a Puntarenas para vender su pesca de la semana.

Raúl, hijo menor de doña Sara y don Raúl, recuerda las capturas de su padre: meros, bagre, corvina, tilapia. Además se veían delfines, conocidos en la zona como bufones. Raúl muestra una de las tantas fotos de la casa de su madre. En la imagen don Rafael sostiene un pez sierra casi de su tamaño; los que tanto pescó del Golfo y hoy extrañan. 

“El mar en ese entonces era lindo, yo andaba con mi viejo ahí pero ahora que va… ya no tiene movimiento el Golfo como antes.”

Ocho años atrás, don Raúl Villegas dejó de acompañar a su esposa. Hoy doña Sara lo recuerda cada día, pero también vive la nostalgia de que en el Golfo de Nicoya ya no se produce la misma pesca, ante el desgaste a causa de acciones humanas.

Hace cuatro años doña Sara sufrió un derrame.  Con determinación y sin miedo, casi a sus 100 años, recuperó el control completo sobre su cuerpo. 

“Conversé con el Señor y le dije: o me alivia o me lleva, pero no me deje infeliz. Y empezó la mujer a reaccionar y caminar y ¡aquí estoy contándoles el cuento!”

La casi centenaria inicia su día a las 5:00 a.m. y lo dedica al trabajo. Con su bisnieta, elabora manualidades para vender y también pinta obras de arte.

Quebrada Honda es testigo del crecimiento de la familia Villegas Briceño, al lado de doña Sara. Pero a diferencia de antes, las oportunidades de desarrollo económico disminuyeron. Ella lo lamenta: el Golfo ya no tiene el movimiento de antes, ese que permitía el sustento de sus familias.

  Por la falta de empleo, para algunas mujeres Briceño las manualidades han llegado a ser una forma más de ingreso para sus familias.

Por la falta de empleo, para algunas mujeres Briceño las manualidades han llegado a ser una forma más de ingreso para sus familias.

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LA HISTORIA SE REPITE EN EL GOLFO DE NICOYA

La pesca siempre fue el principal ingreso para la gran mayoría de familias en el Golfo de Nicoya. Hoy sigue vigente. Sin embargo, hay otro tema en la que Donaldo Moraga, nativo de Quebrada Honda, ve como la historia también se repite. 

“Se sigue dando lo mismo, la pesca ilegal, desobediencia del pescador; hay veda y se van con trasmallo.”

  Después de graduarse en Administración de Empresas, don Donaldo recibió una beca para estudiar en Rusia la materia de Tecnología de Pesca.

 Después de graduarse en Administración de Empresas, don Donaldo recibió una beca para estudiar en Rusia la materia de Tecnología de Pesca.

Don Donaldo acumula años dedicados a la educación, en busca del bien para su comunidad. Comenzó como profesor de primaria en la compañía bananera Coto 5657 en 1975, donde trabajó cinco años, en la frontera sur con Paseo Canoas.

Luego fue maestro en varios colegios. Pero buscó extender su conocimiento y continuó sus estudios universitarios enfocados en administración de empresas cooperativas, donde obtuvo una beca para seguir sus estudios en Rusia. 

Después de graduado, regresó a sus tierras a trabajar en cooperativas de varias comunidades como Puerto Thiel, San Pablo, y Nandayure. Fue testigo de las complejas realidades a las que se tenían que enfrentar.

“En el periodo de veda no daban subsidio. ¿Qué hacen con los niños? Otros iban a buscar pianguas o iban con trasmallo en la noche. Su familia tiene que comer. A veces tienen que cerrar los ojos y hacerse de la vista gorda,” lamenta el educador.

Aún así, como líder comunal, don Donaldo enfatiza la importancia del bienestar del pescador en el Golfo de Nicoya. Resalta la necesidad de intervenir y controlar las acciones del pescador ilegal, pero reconoce sus necesidades también.

 Como presidente de la Asada y grupo de Adultos Mayores de Quebrada Honda, don Donaldo busca siempre el bienestar de su comunidad. 

Como presidente de la Asada y grupo de Adultos Mayores de Quebrada Honda, don Donaldo busca siempre el bienestar de su comunidad. 

Por eso el docente insiste que al no considerar sus limitaciones, el pescador seguirá agotando el producto para las futuras generaciones, para poder sobrevivir hoy.

“Si los pescadores están bien, todos vamos a estar bien, porque vamos a tener más riqueza, pescado y camarón; todo lo que el Golfo produce.”

El hombre de 63 años destaca la construcción de La Red del Golfo, tanto por la intervención para combatir la pesca ilegal; como porque apunta a la organización entre pescadores, comunidades y sus diferentes líneas de trabajo. 

Orgullo con el agua

Por otro lado recuerda que Quebrada Honda enfrentó un sistema de cañerías colapsadas. En el 2009 el panorama mejoró, cuando se estableció la Asociación Administrativa de Acueductos Rurales del pueblo (Asada). Don Donaldo la preside, así como otras organizaciones. Orgulloso indica que su pueblo no tiene ningún problema en cuanto a recurso hídrico.

 “La Red involucra a todos. No solamente Asadas, también a asociaciones, adultos mayores, grupos organizados. Va a ser un beneficio para, no solo la comunidad de Quebrada Honda, sino para todas las comunidades”, destaca el líder comunal.

Él, uno de los protectores del Golfo de Nicoya, busca siempre la sabiduría que brinda el mar. Busca las respuestas que necesita su pueblo para poder cuidar los recursos y a sí mismos.

“Cuando vengo al mar se me olvida todo. Mi mente está puesta en otra cosa, una energía para seguir la lucha del quehacer diario.”

 Don Donaldo le agradece al Golfo de Nicoya por ser el sustento para todas las comunidades de la zona, apesar del daño que se le ha hecho.

Don Donaldo le agradece al Golfo de Nicoya por ser el sustento para todas las comunidades de la zona, apesar del daño que se le ha hecho.

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EN EL GOLFO DE NICOYA LA UNIÓN HACE LA FUERZA

Cada comunidad del Golfo de Nicoya tiene necesidades diferentes, para problemáticas distintas. Reconociendo las particularidades, Denis García, oficial de la Fuerza Pública en Nicoya, enfoca sus esfuerzos en la prevención por medio de la educación. 

 Don Denis García visita la comunidad de Quebrada Honda a formar parte de las actividades que se hacen con el Grupo de Adultos Mayores.

Don Denis García visita la comunidad de Quebrada Honda a formar parte de las actividades que se hacen con el Grupo de Adultos Mayores.

El policía se centra en visitar las comunidades y junto a ellas, buscar las mejores estrategias. La pesca ilegal es uno de los problemas que más afecta a los ciudadanos de la zona, con el uso de mallas ilegales, las rastras y la extracción de producto en épocas de veda.

Según don Dennis muchas personas dejaron de cuidar la zona, y también la destruyen. “Hay que cuidar nuestros recursos, los mantos acuíferos. No hay que talar arboles, cuidar los animales y los recursos marítimos”, pide el oficial.

Para hacer un cambio, el trabajo preventivo y educativo son claves. Se busca capacitar y sensibilizar a las comunidades. Con las herramientas necesarias, los vecinos logran reconocer las problemáticas y entienden su capacidad para resolverlas con el acompañamiento necesario. 

Comunidades capacitadas y organizadas son aliadas de la Fuerza Pública, por la valiosa información que brindan: son los que más conocen la zona y los problemas. 

“Capacitamos a los vecinos no para que hagan nuestro trabajo, todo lo contrario. Sino para que sean nuestros oídos, nuestros ojos y nos bajen toda esa información a nosotros. Los vecinos sí lo saben todo.”

Las capacitaciones son un proceso largo y arduo, pero con resultados provechosos. Después de 12 módulos, las comunidades elaboran un plan de acción en las cuales identifican las problemáticas, las soluciones y en qué área se necesita del apoyo policial. 

 Por medio de las capacitaciones, don Denis impulsa a las comunidades a ser ellos mismos quienes cambian sus realidades. 

Por medio de las capacitaciones, don Denis impulsa a las comunidades a ser ellos mismos quienes cambian sus realidades. 

“Como recomendación a las comunidades: la organización. Tenemos que organizarnos porque el tener más policías no garantiza nada. Si no estamos organizados o sensibilizados, no garantizamos nada.”

 

Las armas de la información y el diálogo

Además de las capacitaciones, don Denis informa a los ciudadanos que vigila. El oficial creó un programa de radio en la estación Radio Cultural Nicoya 88.3 FM llamado El policía en su casa. En el espacio habla acerca de los dilemas de la pesca cada viernes.

Se tratan temas como la pesca ilegal, el cómo denunciar esos actos ilícitos y se explica cuáles son las redes adecuadas, entre otros detalles. Muchos pescadores, mientras laboran en el mar, puedan escuchar El policía en su casa y mantenerse informados. 

Don Denis, uno de los guardianes del Golfo y sus comunidades, agradece el surgimiento del proyecto La Red del Golfo, pues facilita la organización que tanto prioriza como necesaria y que pide a los vecinos. 

Para el oficial de la Fuerza Pública, el Golfo de Nicoya es un pulmón que da vida a las comunidades y trae a muchos a visitarla. Por esta razón, insiste en la necesidad de recuperar el tesoro.

“Ellos pueden ser líderes dentro de sus comunidades para tener una mejor calidad de vida.”

 Con dedicación y perseverancia, el oficial García seguirá trabajando junto a las comunidades para mejorar la vida de los ciudadanos en el Golfo de Nicoya

Con dedicación y perseverancia, el oficial García seguirá trabajando junto a las comunidades para mejorar la vida de los ciudadanos en el Golfo de Nicoya

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ORGANIZACIÓN: CLAVE PARA EL RESURGIR DE LAS COMUNIDADES DEL GOLFO DE NICOYA

-    ¿Qué le daría como consejo a las comunidades de la Zona 201 del Golfo de Nicoya? 

-    La organización es básica.

Esa fue la respuesta inmediata de Alexander León, director Regional del Área de Conservación Arenal Tempisque.

 Alexander León, director Regional del Área de Conservación Arenal Tempisque, lleva 13 años trabajando y reconociendo la importancia del Golfo de Nicoya. 

Alexander León, director Regional del Área de Conservación Arenal Tempisque, lleva 13 años trabajando y reconociendo la importancia del Golfo de Nicoya. 

Como ingeniero forestal, Alexander tenía poca experiencia en cuanto a la vida del Golfo, dentro y fuera del mar. Con los años y sus visitas conoció la importancia de la Zona 201, la consecuencias de su sobreexplotación y las comunidades afectadas. Por su constancia logró entender las necesidades del mar, la costa y sus manglares, así como la de sus dependientes. 

El funcionario tiene clara la riqueza del área. Asegura que posee el mayor dinamismo en el país, en cuanto a las poblaciones de peces y moluscos. Y explica que en el Golfo de Nicoya se pueden desarrollar las especies juveniles, para luego salir a aguas abiertas.

Pero este tesoro fue herido y sus riquezas se extrajeron en exceso, impidiéndole a sus habitantes sobrevivir de los – ahora – limitados recursos pesqueros que puede ofrecer.  

Tras 13 años de experiencia en la región, Alexander León conoce las dificultades que enfrentan las comunidades del Golfo. El funcionario del Ministerio de Ambiente y Energía sostiene que el desempleo se relaciona con la escasez de recurso pesquero y la sobreexplotación del mismo. Todo en conjunto afecta el desarrollo de la zona.

Red para unir y organizar

El ingeniero está consciente de las problemáticas y las necesidades, pero reitera que cualquier fuente de desarrollo y empleo no debe excluir la participación de los vecinos. Por eso valora la unión y los avances alcanzados con el proyecto La Red del Golfo.

Pero llama a una participación más activa de las comunidades, para lograr soluciones. El proyecto brinda el espacio necesario para resaltar la voz de las comunidades y sus necesidades. 

“Como institución no podemos hacer nada sin la participación de las comunidades.”

 Por medio de varias visitas a las comunidades del Golfo, Alexander León comprende la importancia del trabajo en conjunto con la institución y comunidad para lograr resultados sostenibles. 

Por medio de varias visitas a las comunidades del Golfo, Alexander León comprende la importancia del trabajo en conjunto con la institución y comunidad para lograr resultados sostenibles. 

La organización permite que las comunidades denuncien los conflictos que tanto afectan a sus ciudadanos. Los 13 pueblos se unen para enfrentar cada dilema y buscar el desarrollo integral. Es el objetivo superior que plantea Alexander León: sin las comunidades y sin organización se logra poco.

El país puede y debe voltear su mirada a esta porción del mar y sus pueblos, para unirse al esfuerzo de vecinos, funcionarios y fuerzas preocupadas por recuperar el Golfo de Nicoya.

“Podemos aportar un poquito en algo que al final es de todos, que podría dejar un legado muy importante para las futuras generaciones.”

 Alexander León sigue impulsando al pueblo del Golfo de Nicoya a seguir trabajando en conjunto para lograr cambiar el futuro de sus comunidades. 

Alexander León sigue impulsando al pueblo del Golfo de Nicoya a seguir trabajando en conjunto para lograr cambiar el futuro de sus comunidades. 

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FALTA DE SEGURIDAD: EL ROBO DE EQUIPO IMPIDE A MUCHOS A SEGUIR ADELANTE

En el Golfo de Nicoya no todos viven de la pesca. Muchos han acudido como alternativa al turismo. Es el camino de don Jacinto Carrillo de 54 años. Comenzó a trabajar en el ferry del Río Tempisque. Pero el servicio se detuvo cuando se construyó el Puente La Amistad.

 Don Jacinto se ha dedicado al trabajo turístico en el Golfo de Nicoya, pero también sufre por la inseguridad que ha conllevado la pesca ilegal. 

Don Jacinto se ha dedicado al trabajo turístico en el Golfo de Nicoya, pero también sufre por la inseguridad que ha conllevado la pesca ilegal. 

Después de la apertura de la estructura en el 2003, don Jacinto comenzó a trabajar en una compañía de turismo, en la cual realizó recorridos en lanchas. Posteriormente se convirtió en capitán de su propia lancha, la cual compró a la misma empresa.

Pero al año de labores de forma independiente, el guía turístico se enfrentó a una realidad que aqueja a muchos del sector turismo y a pescadores: el robo de lanchas. Con perseverancia, don Jacinto ahorró para comprarse una segunda embarcación.

“¿Qué posibilidades hay para que me ayuden a perseguir mi lancha? No había autorización de nadie”, recordó con pesar.

La inseguridad es una de las grandes preocupaciones de los habitantes de la zona. Los ladrones aprovechan momentos de vacío de autoridades y la falta de presencia de entidades institucionales, mientras personas como don Jacinto tienen las manos atadas.

 "¿Qué hacemos si esto sigue así? Estar en esa situación y tener a quien llamar y que no respondan. Ese es el problema.”

El Golfo en el pasado

 Muchos que dependen del Golfo de Nicoya han tenido que enfrentarse a robos constantes de sus lanchas dada la inseguridad de la zona.

Muchos que dependen del Golfo de Nicoya han tenido que enfrentarse a robos constantes de sus lanchas dada la inseguridad de la zona.

Don Jacinto recuerda su niñez y cómo sus padres también vivieron de la pesca. La abundancia de producto permitió que muchas familias de la zona vivieran de manera sostenible y provechosa.

“Cuando pescaban mis papás iban con machetes al río y tiraban el machete y ya. Esos eran los tiempos de antes”, relata el pescador convertido en guía turístico.

Quienes llevaban su lanchas al mar, tenía que hacer varios viajes para poder llevarse todo el producto que recolectaban.

“El Golfo ha sido la vida de todo este sector. Ha sido el sostén. Ahorita ya no es el sostén. Antes todos vivíamos de ahí.”

Como bien lo explica el vecino del Golfo, hoy pocos pueden depender exclusivamente del sustento del mar. Pero tampoco sienten el respaldo de las autoridades de seguridad para sus equipos y así poder trabajar en el turismo. Es necesario ajustarse a las leyes, sea para la pesca o el respeto a la propiedad ajena, para compartir las ganancias, pide don Jacinto. 

El capitán llegó a un extremo que no deseó: tener que portar un arma para proteger el alimento de su familia y poder trabajar de una manera honesta y sostenible. Pero llega a sentirse preso dentro se su propio hogar y trabajo, en constante vigilancia. 

Para don Jacinto, La Red del Golfo le permite exponer las preocupaciones que muchos tienen de manera unida, para ser escuchados por las instituciones y gobiernos locales. Nuestra responsabilidad es escuchar y resaltar estas voces. La del Estado es cumplir sus funciones y proteger al Golfo, ya que es imposible regresar al tiempo de antes.

 Don Jacinto urge al gobierno cumplir sus funciones para que el Golfo de Nicoya logre ser el sostén que antes era. 

Don Jacinto urge al gobierno cumplir sus funciones para que el Golfo de Nicoya logre ser el sostén que antes era. 

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SONZAPOTE AVANZA: CON UNIÓN BUSCA EL DESARROLLO

En Sonzapote hay aproximadamente 120 habitantes, de acuerdo a doña Rosa Carrillo, orignaria de la zona. Es una comunidad pequeña, pero caracterizada por la unión y el deseo de superación. 

 Doña Rosa Carrillo, nativa de Sonzapote, trabaja junto a su comunidad para enfrentar las adversidades que hoy enfrentan.

Doña Rosa Carrillo, nativa de Sonzapote, trabaja junto a su comunidad para enfrentar las adversidades que hoy enfrentan.

Como decenas en el Golfo de Nicoya, muchos de los vecinos del pueblo dependen o dependían de la pesca. Por la sobreexplotación de los recursos, buscan otra alternativa de trabajo. 

“La pesca pues no, ya no es una fuente de empleo… la gente trabaja en lo propio más que todo.”

La mayoría están desempleados y acuden a sus propias tierras para sobrevivir, con el cultivo de agricultura para el consumo diario.

“En realidad es más la gente desempleada que la gente empleada. Afecta la dinámica familiar, porque uno tiene que ver cómo le da de alimentar a los hijos”, lamenta doña Rosa.

Aún así, con unión como bandera, la comunidad quiere solventar las dificultades. Además del desempleo, Sonzapote se enfrenta a caminos descuidados por el Estado e insuficiencia de fondos para tener alcantarillados de mejor calidad.

Una de las soluciones en las que se invierte es la educación. Doña Rosa trabaja en varios comités involucrados con el planeamiento y ejecución de actividades escolares.

Los líderes de la comunidad buscan dar a los niños un futuro más allá de la pesca y lejos del desempleo. Por eso acuden a ventas de pan, bingos y rifas para recaudar fondos, los cuales se invierten en herramientas necesarias para los niños dentro de las escuelas.

 La comunidad de Sonzapote se ha dedicado a proveerle una educación digna a los niños y jóvenes como una alternativa a la vida pesquera.

La comunidad de Sonzapote se ha dedicado a proveerle una educación digna a los niños y jóvenes como una alternativa a la vida pesquera.

 

Como madre y colaboradora en los comités, doña Rosa experimentó los frutos de este esfuerzo. Su hija hoy ya estudia en la universidad.

La familias de Sonzapote sufren los vendavales en el Golfo de Nicoya, pero aún así buscan como darse apoyo yser solidarios entre sí. “La gente es anuente a ayudar, se involucra en la comunidad. Hay unión, hay solidaridad, también hay conocimiento de lo que afectan a los demás y a la escuela”, explica la líder.

Como lo menciona doña Rosa, hay mucha información valiosa en las comunidades y por eso es tan importante la unión, para poder compartirla y dar pasos en firme. 

“Sigan luchando por una mejor comunidad. Sigamos para adelante porque esto es una lucha de siempre, el sacar las comunidades a flote.”

Para poder ser escuchados, es necesario unirse y crear una voz fuerte, imposible de ignorar, la voz de La Red del Golfo.

 Como madre de una hija universitaria, doña Rosa sigue impulsando a su comunidad a seguir luchando por la educación y una comunidad unida para seguir hacia un futuro mejor.

Como madre de una hija universitaria, doña Rosa sigue impulsando a su comunidad a seguir luchando por la educación y una comunidad unida para seguir hacia un futuro mejor.

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LA EDUCACIÓN: MOTOR DE CAMBIO EN EL GOLFO

En el 2007, don Carlos Viales llegó a trabajar como profesor en la Escuela de Puerto Moreno, un pueblo “olvidado” del Golfo de Nicoya. Hoy, a sus 59 años, cree en el progreso por medio de la educación y lo transmite a sus nueve estudiantes. 

A pesar de su tamaño, el centro educativo resuena con risas estudiantiles. Con vendas en la rodilla, don Carlos tiene dificultad al caminar. Pero no detiene su hospitalidad con los visitantes, ni su pasión para enseñar.

 Don Carlos Viales, profesor unidocente de la Escuela de Puerto Moreno. 

Don Carlos Viales, profesor unidocente de la Escuela de Puerto Moreno. 

La jornada laboral del profesor inicia a las 9:00 a.m. y cierra a mediados de la tarde. Pero su trabajo no termina ahí. Durante 30 años se ha comprometido no solo con sus estudiantes, sino también con las comunidades. Así demuestra el significado de solidaridad y compromiso. 

Como docente y director, enfrenta las dificultades que vienen adheridas al vivir en una comunidad tan pequeña y alejada como lo es Puerto Moreno. El aislamiento y la falta de recursos y de atención de autoridades provocan la carencia de Internet, por ejemplo, una posibilidad que en el Área Metropolitana muchos dan por sentado. 

Para don Carlos no es una comodidad, sino una herramienta necesaria para la educación de los menores. Además de conexión de Internet, solicita clases de inglés como mejoramiento del programa académico. 

Por ser una comunidad pesquera, muchos de los niños desde temprana edad están aprendiendo acerca de la actividad de pesca. “La pesca como algo innato.” Así resume don Carlos el valor de la actividad para los habitantes del Golfo.

Sin embargo el maestro reconoce la importancia de tener un título de secundaria, para tener una segunda opción. 

“La educación [es] una forma de dejar la ignorancia a un lado, una forma de superarse y de ganarse la vida de forma honrada.” 

 Don Carlos Viales le imparte clases a 9 estudiantes de la comunidad de Puerto Moreno.

Don Carlos Viales le imparte clases a 9 estudiantes de la comunidad de Puerto Moreno.

La educación no termina en las aulas

El docente predica con solidaridad. No deja los problemas de los demás pueblos en manos de otras personas, como si no lo afectaran. Desvía su mirada de sí mismo. 

Don Carlos resalta el valor de la educación, pero no limitado a las aulas. Como integrante de la comunidad de Puerto Moreno, hace un llamado a las comunidades vecinas para seguir educándose y para elevar sus voces, que se han desvanecido. 

El proyecto de La Red del Golfo busca un desarrollo integral, con la inclusión de las comunidades en el nivel más poderoso de la organización, en la búsqueda de soluciones. Pero el país también debe conocer el panorama. Los habitantes son testigos y relatan el daño hecho en el Golfo. 

Don Carlos también pide a los visitantes del Golfo de Nicoya informarse, reconocerse como partícipes del deterioro del río Tempisque, tras la apertura del Puente La Amistad. 

“Medio de mitigación, informar y prevenir, es la continuidad de la especie humana.”

Hoy hace un llamado a sus comunidades – y a Costa Rica – a formar parte de las soluciones. El profesor tiene autoridad para impartir esa lección.

 Para el profesor, la educación es la herramienta que le permitirá no solo a sus estudiantes pero a todos de la comunidad tener un futuro más oportuno.

Para el profesor, la educación es la herramienta que le permitirá no solo a sus estudiantes pero a todos de la comunidad tener un futuro más oportuno.

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EL FUTURO NO ESTÁ LEJOS: LOS NIÑOS DEL GOLFO DE NICOYA SE PREOCUPAN

Keysel Reyes, de 12 años, y Joseph Carvajal, de 11 años, son estudiantes de la escuela unidocente de Puerto Moreno. Ambos crecen en este pueblo del Golfo de Nicoya, al lado del mar y el río. 

En las aguas, Keysel encuentra inspiración para sus obras de arte: uno de sus pasatiempos preferidos es pintar. En el lienzo plasma la naturaleza que absorbe su hogar. Al lado de ese ambiente, la estudiante de sexto grado disfruta su vida en Puerto Moreno por la tranquilidad que vive. 

 Keysel Reyes, a su temprana edad, reconoce la diversidad que contiene el Golfo de Nicoya y la importancia de su cuido.

Keysel Reyes, a su temprana edad, reconoce la diversidad que contiene el Golfo de Nicoya y la importancia de su cuido.

“Me gusta vivir aquí, es muy tranquilo. No hay robos, no hay peligro, uno puede andar en las calles sin preocupación.”

Además de seguridad, las bellezas naturales también le dan tranquilidad a Keysel en su casa. También se la brindan los ríos que la motivan a pintar.

“El río tienen peces que a veces no se ven [en otros lugares], que son de varios colores. He visto peces rojos bastantes grandes, he visto lagartos y hay tiburones de los pequeños”, retrata con timidez.

Como muchos de los niños de la zona, también toma parte en la pesca, actividad tradicional y que se pasa de una generación a otra. Keysel disfruta del viento que la acompaña a ella y su papá mientras pescan. 

Joseph también disfruta ese paseo en panga, en búsqueda de sustento en las aguas. Y de los animales que rodean su hogar. Por eso reconoce la importancia de tener que cuidar las especies. Como muchos vecinos, a pesar de su joven edad, también reprocha a quienes destruyen el mar y el río con desechos tóxicos.

 Joseph Reyes, con 11 años, ha sido testigo de los daños que se le han hecho al Golfo de Nicoya y sabe que su cuido depende de nosotros.

Joseph Reyes, con 11 años, ha sido testigo de los daños que se le han hecho al Golfo de Nicoya y sabe que su cuido depende de nosotros.

“Hay veces que esos camiones botan todo en el río y eso es muy malo… que no mataran tanto a los animales.”

El país caminó de espaldas al mar y vive sin escuchar al Golfo de Nicoya. Ahora se deben atender las preocupaciones de las generaciones más jóvenes. Desde ya esos menores de edad, dentro de pronto adultos trabajadores, notan lo que afectará su futuro.

Es hora de tomar las palabras de inquietud y conciencia de Keysel, Joseph y de cualquier niño y joven para asegurar un porvenir próspero. Como lo resume el pequeño de apenas 11 años, es hora de que “nosotros lo cuidemos y a todo ser que está en el agua”. 

 Keysel con sus compañeros de escuela en Puerto Moreno.

Keysel con sus compañeros de escuela en Puerto Moreno.

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AÑORANZA POR EL GOLFO DE ANTES: ESPERANZA POR UN FUTURO MEJOR

En 1980, don Rafael Umaña, originario de Colorado de Abangares, se dedicó permanentemente a la pesca. En ese entonces fue un forma de ingreso, que le permitió ayudar a su padre con el cuido de sus hermanos. Entonces comenzó a observar la migración de personas al Golfo de Nicoya, para establecerse como pescadores.

 Muchos pescadores como don Rafael, han sufrido los cambios que conllevó la sobreexplotación de los recursos de Golfo de Nicoya.

Muchos pescadores como don Rafael, han sufrido los cambios que conllevó la sobreexplotación de los recursos de Golfo de Nicoya.

Fue tal el cambio, que del 2000 en adelante disminuyó la captura del pescado y la vida del pescador nunca fue igual. 

“Ya se tuvo que buscar otras alternativas, combinar la pesca con ciertas oportunidades que aparecen en tierra.”

Con la ayuda de su esposa, funcionaria del Ministerio de Ambiente y Energía desde hace 10 años, sacan adelante su hogar y a sus tres hijas. Además de la pesca, don Rafael debió acudir a diferentes tipos de trabajo, desde laconstrucción en San José hasta la extenuante labor en las salinas de Guanacaste. Pero aún así, la pesca es la fuente de mayor ingreso. 

El veterano pescador explica que, dependiendo del arte de pesca que se utilice en el mar, cambian los horarios laborales. Quienes usan malla de 5 a 6 centímetros salen a trabajar de las 4:00 p.m. hasta las 3:00 a.m., para lograr la captura de animales grandes. Para el uso de mallas pequeñas de 4-3 cm., se sale a trabajar desde las 6:00 a.m. y se regresa hasta las 5:00 p.m.

Las 12 horas de trabajo bajo el sol, o en el frio de la noche, no son lo único complejo de su labor. 

“Lo más difícil es las veces que uno sale a pescar y que tal vez no saco ni para el gas…”

Pero esto no solo lo vive don Rafael, sino la mayoría de los pescadores de su pueblo y de comunidades vecinas. Por eso se unieron y crearon la Asociación de Pescadores de la Zona 201. La pesca ilegal, la sobreexplotación de recursos y el irrespeto a la veda son acciones que afectan a trabajadores como don Rafael, que se dedican a la pesca artesanal con respeto a la ley. 

 Pescadores en Puerto Níspero arreglan las mallas para la pesca artesanal.

Pescadores en Puerto Níspero arreglan las mallas para la pesca artesanal.

El coloradeño reitera que la pesca ilegal afecta al producto juvenil, animales que no han alcanzado la plenitud de su desarrollo. También destruye el ecosistema y golpea a las familias que dependen del producto pesquero. Por esta razón pescadores como don Rafael se dedican enérgicamente a la pesca artesanal y reconocen la importancia de resguardar el ambiente para poder tener un futuro.

Además del esfuerzo unido por tener una pesca sostenible, piden apoyo y respaldo a las instituciones gubernamentales. Aseguran que las autoridades han fallado o no han logrado tener un mejor control y una prevención más fuerte.

“Hay que unirnos. Unirnos para hacer presión, para hacer presión al estado al gobierno, los recursos naturales marinos se están viendo agotados. Nos hace falta la vigilancia en el Golfo.”

Don Rafael admite que es casi imposible recuperar los niveles de cuando él se empezó a dedicar a la pesca. Pero tiene la esperanza de que, con esmero y perseverancia, se retorne a un estado más cercano a lo que solía ser el Golfo de Nicoya. 

 Don Rafael, como líder entre pescadores, sigue impulsando a sus comunidad a unirse y alzar la voz en contra de la pesca ilegal que tanto los han afectado.

Don Rafael, como líder entre pescadores, sigue impulsando a sus comunidad a unirse y alzar la voz en contra de la pesca ilegal que tanto los han afectado.

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ESCASEZ DE AGUA: ALERTA ROJA EN ZONAS VERDES DEL GOLFO DE NICOYA

 La comunidad de Santa Lucía está en alerta roja por escasez de agua, pero además sus bosques se enfrentan a la tala de árbol impidiéndole a sus habitantes tener sombra del sol guanacasteco.

La comunidad de Santa Lucía está en alerta roja por escasez de agua, pero además sus bosques se enfrentan a la tala de árbol impidiéndole a sus habitantes tener sombra del sol guanacasteco.

Ya son cuatro años desde que Yineth López volvió a vivir con su familia en Santa Lucía. En el pueblo hay 110 casas, cinco de las cuales son habitadas por una familia de apellido López. Para esta población existen tres pozos. Y hoy ninguno produce suficiente agua ni para 10 viviendas. La comunidad de Santa Lucía en el Golfo de Nicoya está en alerta roja.

“Estamos teniendo agua cada cuatro días. Recogemos agua para solventar las necesidades hasta que vuelva.”

Y la escasez de agua no es la única problemática a la que se enfrenta la comunidad de Santa Lucía. Como integrante de los comités de acueductos, salud, desarrollo, y embellecimiento de la zona, Yineth, con 32 años, tiene una noción clara acerca de lo que afecta su comunidad.

Le preocupa el desempleo, la deforestación y el dilema de los pescadores de la zona. 

Revertir la tala de árboles es un proyecto de gran importancia para la comunidad. Para este año se planeó sembrar 60 árboles de rápido crecimiento para reforestar y aprovechar los recursos. Por la misma faltante de agua, el plan tuvo que detenerse.

Yineth insiste en la importancia de las zonas verdes, ya que se pueden “mantener, aprovechar y multiplicar”, y dan a la comunidad formas de empleo que actualmente no existen. “El trabajo que hay aquí es muy brusco y es básicamente para hombres, como la explotación de la piedra caliza”, explica la líder comunal.

Esa labor, como muchas en el Golfo, antes se realizaba de forma artesanal. Con la entrada de compañías grandes se perdieron oportunidades de trabajo para los vecinos. Las empresas traen sus propios trabajadores de San José y emplean a pocas mujeres locales como secretarias.

Mujeres como Yineth, con capacitación en administración hotelera, mantenimiento de computadoras, ingles básico, conocimiento extenso en agricultura como el abono orgánico, tienen dificultades en encontrar el sustento de sus familias.

“Es una preocupación porque aquí hay muchos recursos que uno puede explotar a nivel de mujer”, lamenta.

 Yineth, como madre y líder comunal, busca el bienestar de su comunidad y el futuro de su familia.

Yineth, como madre y líder comunal, busca el bienestar de su comunidad y el futuro de su familia.

A pesar de las necesidades, Yineth describe a su comunidad como pequeña, unida y activa. Como líder, le pide a su pueblo trabajar para reconocer sus debilidades, pedir ayuda y enfocar los esfuerzos propios. 

“Tener la convicción de cualquier problema. En cualquier comunidad no la van a venir a resolver las personas de afuera, porque si las comunidades no se unen y no tienen claro su debilidad dentro de sí mismas, una persona ajena no va a saber lo que necesita la comunidad.”

Aconseja a sus vecinos ser organizados, tener comunicación entre sí y la capacidad de poder encontrar sus propias soluciones. Además recalca la importancia de aceptar la responsabilidad ante el daño que se le ha hecho a la Tierra y al Golfo de Nicoya. 

“El desarrollo ha sido un engaño, ha sido irnos matando lentamente. El desarrollo ha sido descubrir que el ser humano se destruya a sí mismo”, opina sobre cómo cambió la zona.

Y al igual que el pueblo de Santa Lucía en su comunidad, es tiempo de que en todo Costa Rica las comunidades den un paso al frente y líder en el desarrollo.

 Para asegurar el futuro del Golfo y sus comunidades, el pueblo costarricense debe unirse a líderes como Yineth López.

Para asegurar el futuro del Golfo y sus comunidades, el pueblo costarricense debe unirse a líderes como Yineth López.

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PIANGÜERAS DEL GOLFO LUCHAN CONTRA LA DISCRIMINACIÓN

 Muchos en la zona han tomado a la pesca de piangua como alternativa a la escasez de trabajo que hoy invade al Golfo de Nicoya, doña Yamileth es una de ellos. 

Muchos en la zona han tomado a la pesca de piangua como alternativa a la escasez de trabajo que hoy invade al Golfo de Nicoya, doña Yamileth es una de ellos. 

Yamileth González, de 46 años, ha vivido en San Buenaventura durante 27 de sus 46 años de vida. Hoy se dedica a la siembra y recolección de pianguas. Por la falta de empleo y de productos en el Golfo de Nicoya, hace tres años se fundó la Asociación de Recolectores de Moluscos y con esto se empezó el proyecto de siembra de piangua en la pescadería del Golfo. 

 

“Hay escasez de empleo principalmente para las mujeres. Entonces se [hizo] una asociación para ver si nos dan subsidios por el proyecto”, explica la pescadora.

Para poder extraer los moluscos ya adultos, se requiere un permiso del Ministerio de Ambiente y Energía. Todavía no se tiene, ya que el trabajo está denominado como un “proyecto de investigación”. 

Cuando recibían subsidios, las piangüeras trabajaban todos los días. Pero al no tener más el subsidio, solo pueden ir una vez a la semana. Es la situación de muchos que viven de la pesca y recolección de moluscos: la vida en tiempos de veda son extremadamente difíciles sin ayuda de un subsidio. Pero para las mujeres piangüeras de San Buenaventura es aún más difícil.

“Aquí no hay trabajo, no hay ni para los hombres y para las mujeres menos. Solo hay trabajo en la fabrica de Cemex del Pacífico. Pero ahí para mujeres no hay trabajo.”

 

Por esto doña Yamileth hoy se dedica a la piangua, algo que nunca se imaginó hacer. Tras encontrar una forma adicional de ingreso, se enfrentó con otro problema: la exclusión por su género. Hombres de la comunidad y de las instituciones niegan su identidad de mujer piangüera, algo que no hacen con los hombres. 

Según la líder comunal, el Estado les niega ayuda por no considerarlas como piangüeras en el Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura. Incluso son excluidas dentro de la misma asociación de pescadores, en las que hacen el mismo trabajo que los hombres. 

 Aún enfrentando discriminación, doña Yamileth sigue buscando las mejores alternativas para seguir manteniendo a su familia junto a su esposo.  

Aún enfrentando discriminación, doña Yamileth sigue buscando las mejores alternativas para seguir manteniendo a su familia junto a su esposo.  

“Hacemos el trabajo, el mismo trabajo que los hombres y dicen que no somos piangüeras. Excluidas de todos los beneficios, en desventaja a pesar del trabajo que hacemos.”

¿Somos o no somos?

Como mujeres son invisibilizadas y se les fuerza a sufrir sacrificios, aún más difíciles que las de un pescador o piangüero masculino.

“El valor de la mujer no se está respetando. Y tanto que hablamos que las mujeres y hombres somos iguales”, reclama doña Yamileth.

A pesar de la realidad de discriminación, la piangüera lucha por sus derechos y por el futuro de su familia. Además de un trato igualitario con el género masculino,  trabaja intensamente por otro ingreso. Es un tema de supervivencia, dada la situación de desempleo en la zona. 

Paralelamente busca una producción que sea sostenible para el Golfo de Nicoya, su hogar. Por medio del proyecto de siembra y recolecta de pianguas, logran tener una entrada para sus hogares, mientras aseguran el bienestar de las especies que los rodean. 

“Protejamos al Golfo y a todas las especies.”

La meta es incluir a todas las personas, sin diferencia de si son mujeres y hombres, como Costa Rica tanto lo promete.  La Red del Golfo busca esa unión y músculo entre las comunidades, para lograr un desarrollo integral.

 Al igual que doñ Yamileth, es hora de que todos tomemos como labor el cuido del Golfo de Nicoya. 

Al igual que doñ Yamileth, es hora de que todos tomemos como labor el cuido del Golfo de Nicoya. 

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LA PIANGUA: UNA SALIDA QUE INVADE AL GOLFO

La labor de piangüera no es fácil, pero se ha mucho más difícil por la escasez del producto en el Golfo de Nicoya actualmente. Jakeline Álvarez de 41 años, vecina de Colorado de Abangares, vive esta lucha cada día en su trabajo.  

 
 
 Jakeline Álvarez, apesar de las dificultades que trae la labor, provee para su familia a través de la pesca de la piangua. 

Jakeline Álvarez, apesar de las dificultades que trae la labor, provee para su familia a través de la pesca de la piangua. 

Desde los cinco años Jakeline conoce la vida de la piangüera. Con su madre sacó moluscos y enfrentó las adversidades que se viven mientras se trabaja en los manglares. “Es duro. Se raspa todo. A uno lo pican los bichos. El barro a veces es hondo, a veces es duro”, relata. 

Pero las oportunidades de empleo disminuyeron drásticamente y a pesar de la dificultad, es una de las pocas formas de ingreso que tienen los habitantes del Golfo. 

“El día a día es mas duro. Antes habían más salidas en que la gente trabajaba.” 

Jakeline añora el producto que existía antes. Hoy con mucha dificultad recolecta 100 pianguas, tras hacer una separación de los moluscos juveniles. Aún con poco que llevar a casa, la veterana piangüera reconoce la importancia de respetar y preservar las especies del manglar para la sobrevivencia de todos.

“La disminución de animales se debe a nosotros mismos, los seres humanos,” reitera.

A demás de la carencia de empleo, la comunidad de Colorado también enfrenta una insuficiencia de agua. 

“No hay agua, sencillamente. Hay veces que los niños pierden clases porque no hay agua cuatro días una semana.”

A pesar de las adversidades, para Jakeline, el Golfo sigue siendo un lugar para olvidar los problemas. “Yo cuando entro al mar los problemas que tengo aquí en la tierra los dejo aquí. Voy al mar y me relajo y cuando vuelvo los vuelvo a recoger y ya, seguimos la rutina de todos los días,” destaca sobre la paz que le da su hogar. 

 El Golfo de Nicoya es para muchos, el sustento que sostiene a sus familias.

El Golfo de Nicoya es para muchos, el sustento que sostiene a sus familias.

El Golfo de Nicoya llegó a ser la familia para muchos. Por eso se llama a las comunidades para poder cuidarlo. La Red del Golfo da un espacio para unir a los vecinos de la Zona 201 y enfrentar los problemas juntos, con mayor músculo para hacerse oír y planear obras de desrrollo. 

“Cuidemos al Golfo, los manglares, y las playas; que las mantengamos limpias y que la amemos porque no hay nada más lindo que el mar, que los manglares y la naturaleza que nos rodea.”

Para atacar el desempleo que invade al Golfo, hay que reconocer la importancia de cuidar de él. Sin conservación, se pierde la diversidad biológica que lo habita. Tampoco se gestan oportunidades de sustento. 

La protección es responsabilidad de los habitantes de la zona, pero también de quienes gozan de su labor y consumen su producto. 

“Es importante que las comunidades se estén uniendo. Es importante porque así nos comunicamos unos a otros, para ver algún problema que cada uno, cada pueblo, cada lugar tiene; tener visión de una necesidad.”

La necesidad mayor es básica: la sobrevivencia del Golfo de Nicoya. Sin el tesoro sus comunidades corren el riesgo de desaparecer también. 

 Jakeline Álvarez junto a su esposo, también piangüero.

Jakeline Álvarez junto a su esposo, también piangüero.

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EL GOLFO SIGUE CAMBIANDO AL LADO DE SUS COMUNIDADES

 Doña Rafela Gutiérrez, presidenta del Grupo de Adultos Mayores Aires del Golfo, sigue los pasos de su padre como líder comunal. 

Doña Rafela Gutiérrez, presidenta del Grupo de Adultos Mayores Aires del Golfo, sigue los pasos de su padre como líder comunal. 

Hace 60 años la ruta de Colorado de Nicoya a Puntarenas era un aventura que tomaba por lo menos tres días. Doña Rafaela Gutiérrez la hacía sola a sus 13 años. Su padre, emigrante de China, buscó empezar una nueva vida en Puntarenas. De ahí – por consejo de un amigo – se desplazó a Colorado pero esta vez a comenzar su propio negocio. 

Empezó su pulpería y cambió la vida dentro de la comunidad, pues no habían negocios. Doña Rafaela recuerda clientes, que llegaban desde Santa Lucía o San Joaquín, comunidades aledañas. Venían de zonas a 47 km, de donde era un viaje mucho más simple que tener que ir hasta Puntarenas. Su padre expandió su negocio hasta tener no solo su pulpería pero también un bar, salón de baile, tienda y zapatería. 

Como su progenitor, esta mujer de 73 años ayuda y cambia la vida de los habitantes de su comunidad. Hoy es la presidente de la Asociación de Adultos Mayores Aires del Golfo. Se dedica a mejorar la calidad de vida y salud del adulto mayor, población descuidada por sus propias comunidades. 

Cada lunes, los integrantes de Aires del Golfo bailan, salen a caminar, celebran cumpleaños y comparten su compañía. Para doña Rafaela esta interacción es de gran importancia. Por eso tiene como meta la construcción de un centro diurno, para poder asistir todos los días a un espacio propio, en el cual convivir.

La líder comunal enfatiza en la importancia de unirse como grupo y poder compartir. Es el mismo acto crucial que valora de La Red del Golfo

 Como líder comunal, doña Rafela impulsa a su comunidad a trabajar en unión para seguir creciendo. 

Como líder comunal, doña Rafela impulsa a su comunidad a trabajar en unión para seguir creciendo. 

“Es muy importante unirse para trabajar. Para lograr proyectos necesitamos unión.”

De la abundancia al desempleo

Colorado y el Golfo de Nicoya vieron a doña Rafael nacer y sobrepasar las siete décadas. Ella no pide que el mar se transforme, sino que su comunidad y visitantes cambien. Las drásticas alteraciones en la zona se dieron por las acciones de otros. 

“El mar siempre ha sido igual. Más bien el que ha cambiado es el ser humano, más bien al que hay que hablarle es al ser humano, para que cuidemos y no afectarlo.”

El desempleo es uno de los grandes problemas que afectan a las comunidades del Golfo. Muchos caen en la tentación de entrar en el narcotráfico, como lo explica doña Rafaela. 

Relata que cuando niña, su hermano llegó a casa después de pasar todo un día en búsqueda de moluscos, sin nada en sus manos…no por escasez, ¡sino por la gran cantidad que encontraba y no poder cargarlos! Ahora solo es un recuerdo, para quienes hoy dedican sus días a la pesca de moluscos y pianguas

Colorado fue el lugar que vio nacer a Rafaela Gutiérrez, y como ella misma lo predice, será el que la despida. Con más de 70 años vividos, doña Rafaela ayuda a todo aquel que pueda.

Es tiempo de que esa solidaridad también sea una tarea del país entero, para vivir no solo de un recuerdo de abundancia, sino para construir un futuro con esperanza.

 Doña Rafaela ha trabajado para el bienestar de su comunidad, pero para poder rescatar el futuro del Golfo, esto debe ser trabajo de todos.

Doña Rafaela ha trabajado para el bienestar de su comunidad, pero para poder rescatar el futuro del Golfo, esto debe ser trabajo de todos.

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